CAPÍTULO I PARTE 3


El cielo de Monteverde amanecía con un azul opaco,

como si supiera que algo inmenso estaba por suceder.

Los rayos de luz filtraban entre los edificios

como mensajeros sagrados.

Y Monteverde despertaba con ese aire tibio

que mezcla café recién hecho,

vapor del asfalto

y notas lejanas de tamboras

desde alguna ventana entreabierta.

Monteverde no es solo una ciudad.

Es un susurro entre las montañas.

Un mapa hecho de casas de diversos colores

con techos de barro

y azoteas llenas de ropa ondeando

como banderas de esperanza.

Es un poema vivo

entre el bullicio de los buses viejos,

los gritos de los vendedores de fruta,

y la brisa que baja desde la loma

trayendo olor a albahaca

y a tierra mojada.

Monteverde no duerme del todo.

 

 

Monteverde sueña.

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La historia continua continúa…